Desafios do segundo mandato
Artigo deste que escreve, hoje, no diário argentino La Nación:
El presidente Lula llega a su segundo mandato en condiciones muy diferentes de las de hace cuatro años. En 2002, incluso la oposición le concedió el beneficio de la duda. El Partido de los Trabajadores (PT) formó la principal bancada de la Cámara de Diputados y se veía beneficiado con una reputación que lo distinguía de los demás partidos.
En 2007, la situación no será la misma cuando Lula asuma. El PT se debilitó, tanto en la cantidad de diputados que logró como, principalmente, en la inmensa pérdida de prestigio por los escándalos que involucraron a sus dirigentes.
Uno de los principales problemas que enfrentará será la composición de una mayoría parlamentaria. Para eso se verá forzado a acordar con el partido que obtuvo la mayor bancada, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), o con un grupo de 100 integrantes de lo que en Brasil se denomina “clero bajo”.
El PMDB es una especie de peronismo sin Perón. Se trata de una agrupación informe de intereses muchas veces contradictorios entre sí, cuyos miembros pasan la mayor parte del tiempo luchando entre sí y haciéndose zancadillas unos a otros. Alberga, además, a diversos sátrapas regionales de la clase más retrógrada.
El “clero bajo”, por su parte, está formado por diputados cuya actuación más visible es la búsqueda sistemática de ventajas personales. Como en Brasil los apoyos parlamentarios se dan a cambio de puestos en la administración pública y como no es difícil imaginar lo que pretenden obtener los beneficiados con esos cargos, todo el proceso implica un inmenso potencial generador de corrupción. Tal potencial sólo podrá ser minimizado si el gobierno adopta medidas de vigilancia y control sobre los aliados.
A pesar de tales perspectivas poco alentadoras, el gobierno de Lula reúne condiciones para mejorar el combate contra la corrupción. Puede parecer paradójico, pero determinados sectores de la administración, en particular los concentrados en la Contraloría General de la Unión (CGU, que corresponde al control interno del Ejecutivo), han desarrollado iniciativas importantes para la prevención de la corrupción.
Por eso, uno de los indicadores de los vientos que soplarán a partir de hoy será el destino del CGU. Una transición con solución de continuidad enviaría señales claras de evolución.
